Mentiras, mentiras, mentiras...

Mentiras, mentiras, mentiras...

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A mí no me gusta estar regañando a la gente, en serio. Quizás mi esposo piense lo contrario pero la verdad es que yo no soy la policía ni del ejercicio ni de la comida, porque en ambos me porto mal. Y todos somos así. Pero estamos en un momento en que al parecer nos encanta echarle la culpa a otro en vez de asumir nuestros "barrancos". Es decir, mentimos y nos excusamos para no reconocer que simplemente no estamos haciendo lo que nos toca cuando la balanza ni los números del cinturón se mueven. Es más fácil mentirnos que reconocer que metimos la pata. Es humano. Es como en las revistas cuando le preguntan a una “celebridad” cuál es su peor defecto y responden “soy adicto al trabajo”, “soy perfeccionista” (y casi siempre echan carro). Nadie quiere responder “soy indecisa”, “soy flojo”, “soy criticón”, “soy envidioso”. Eso es demasiado duro para decirlo en voz alta. Y en Shape.com me leí sobre estas mentiritas que les decimos a nuestros entrenadores, pero que de verdad son mentiras nos decimos a nosotros mismos que de verdad sólo hacen el camino más difícil. Porque las excusas no queman calorías, por más que las repitas un millón de veces. Yo no como tanto: Esta es una fija y la he visto miles de veces. Tenemos como pena de decir lo que comemos. Podemos usar palabras exageradas (Comí muchísimo) en ciertas ocasiones o para referirnos a cosas generales pero cuando vamos a lo específico, mentimos. Si le preguntas a una persona -con sobrepeso- qué come, seguramente te va a decir "no mucho". Y empiezan los diminutivos donde tenemos que ser específicos. Es decir, en vez de decir "el lunes me comí cuatro sanduches, un helado, un chocolate y dos cafés" escuchamos cosas como "un sanduchito y una ensaladita, mas nada". Si de verdad eso fuese completamente cierto, ¿tendrías sobrepeso? Si el sanduche no es de pollo frito envuelto en tocineta doble queso y no tienes problemas metabólicos, la respuesta es no, no estarías con sobrepeso. Pero queda más lindo decir "el sanduchito" que "me comí un Tiranosaurio Rex ". Yo hago mucho ejercicio: Aquí está lo de la sobrevaloración que le damos a lo que hacemos. Porque nos cuesta, pensamos que estamos haciendo mucho. Es decir, hacemos la mitad del video de Jillian Michaels porque andamos muertos y decimos, "guao hice muchísimo". Y porque te cueste no quiere decir que sea suficiente. Claro que tu cuerpo se tiene que ir acostumbrando poco a poco y no puedes pasar de estar sentado en el sofá a hacer un maratón de Insanity. Pero con poco esfuerzo, poquitos resultados. Y los lectores de las máquinas de los gimnasios tampoco ayudan. La mayoría te dan una lectura de "quema de calorías" tan precisas como horóscopo viejo. Así que si no tienes un buen monitor cardiaco, no confíes. Yo no salgo mucho: Somos seres sociales, ese es el cuento. Y muchos además, bebemos (Si, yo me meto ahí de número uno). Pero ¿qué pasa? El alcohol y la pérdida de peso no van de la mano. Y es una manera facilísima de ganar peso cuando te estás "manteniendo". Además esas copitas inocentes que te tomaste en el happy hour cuando saliste del trabajo, te pueden hacer sentir deshidratadísimo al día siguiente, o sólo un poco y ni darte cuenta. Dime tu quién va a hacer un entrenamiento fuerte si le duele la cabeza. Y si no eres bebedor pero sales mucho, pues tienes que tener la voluntad de hierro porque pocas veces he visto a gente que diga "paso" a aperitivos y comidita divina que brindan por ahí. Yo no tengo tiempo para esto (comer bien/hacer ejercicio): Yo tampoco. Yo hago el tiempo. Es decir, nadie tiene tiempo ni para cocinar miles de comidas distintas ni para pasar cuatro horas en el gimnasio. Por eso tu plan tiene que estar adecuado a tus metas, necesidades y realidades. Pero a todos nos sale trabajo: o pararnos más temprano, o acostarnos más tarde. O dejar de ir a la fiesta de los amigos, no ver tanta TV, no meterse tanto en Facebook. La organización la tienes que poner tu y ahí es cuando vas a poder sacar tiempo. Yo sé que comer: Entre "saber qué es lo sano" y comerlo cuando debes, hay un trecho largo. La idea de comer liviano con "unas galletas de soda", tomar café sólo con leche descremada (pero igual tomarse cuatro tazas diarias), ese chocolatito “Light” (que tiene grasa como parar freír una empanada), quitarse completamente los carbohidratos porque "engordan" son cuentos que nos llenan la cabeza y nos hacen confundir entre lo que queremos y lo correcto. Lee, infórmate y haz la elección correcta a la hora de llenar tu plato. *Imagen destacada cortesía de: pixabay.com

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